miércoles, 26 de octubre de 2016

HAY EN MI CASA UN OLOR

Desde el otro lado de la puerta oí la inconfundible voz de Josefa. Es la primera vez que tiene ese tono. Se me ha hecho raro que no haya salido del encierro hace varios días y que siga hablando con ese misterio tan pausado que nunca antes le había escuchado. En otras ocasiones ya me había advertido su rareza, pero siempre me hice el loco. Desde que se mudó a esta casa, siempre salía a medianoche y en la mañana ya estaba en su cama sin que yo me diera cuenta de la hora exacta en que regresaba; a veces, cuando me atacaba el insomnio, la veía salir a la hora acostumbrada y no la veía regresar, pero avanzada la mañana abría la puerta de su cuarto, me daba los buenos días, y se sentaba en la mesa a comer con ansias y sin pronunciar palabra alguna. 

Algo extraño le pasa, lo sé, pero no seré yo quien sirva de mediador entre su cielo y su infierno, no. Porque no es de mi costumbre meterme en la vida de mis inquilinos, y mucho menos hacer el papel de consejero porque para eso no he nacido, esa no es mi vocación. Pero algo ha de estar pasándole, porque ya son tres días sin salir, los mismos que lleva apestada la casa por ese olor a anamú y a noni revueltos, como si algo en descomposición estuviera ahí dentro. Y lo sé porque siempre hay dos goleros arriba del techo pensando en cómo llegar al objetivo y cumplir sus fechorías. Tal vez lo único en descomposición sean los restos de comida que pudo haber metido al cuarto sin que yo me diera cuenta, pero la nevera sigue intacta, con todo su contenido igual, o quizá sea una de esas ratas asquerosas de la cola del patio que no se resiste a morir placentera en el fresco cielorraso de este cuarto amplio. 

Las posibilidades de la comida descompuesta y de la rata muerta las he descartado, porque he llegado hasta la cocina y el olor está aquí conmigo, como si lo llevara impregnado en la ropa, he pasado por el patio y ahí también está. En la sala ni se diga. Y me he sentado a pensar en las posibles causas de este nefasto olor y lo único que se me ocurre es pensar en la desgracia, en que ella se haya podido colgar del madero, luego de amarrarse el cáñamo al cuello, y su cuerpo esté en la máxima putrefacción.

¡No sé qué hacer! Porque ahora con la muerta en mi poder y el olor delatador la cuestión es complicada; en cualquier momento todos van a saber de la difunta y van a querer entrar por montones a verla como si tratara de una pieza arqueológica. ¡Y tendré que dar explicaciones una y otra vez como si no fuera una tarea engorrosa! Al principio podría aprovechar la situación y cobrar la entrada al cuarto para pagar el funeral, en caso tal no tenga una familia que responda, y de paso podría recuperar el pago de este mes que ya va adelantado. Que me perdone Josefa dondequiera que se encuentre ¡pero de algo hay que sobrevivir! Y ahora que ella se fue al más allá, ¡o qué sé yo!, y que nadie quiera ocupar este cuarto tenebroso y frío, no tengo más opción que ésta. Primero, habrá a quienes el olor los ahogue con una brutal delicadeza y, después, los obligue a vomitar hasta el alma, pero es una buena oportunidad para ganarme unos cuantos pesos. 

Así que, me he puesto de pie nuevamente y he caminado hacia el cuarto, ahora un poco más nervioso que antes pero siempre decidido, y llamo a Josefa con la voz temblorosa, y me contesta con la apacible onomatopeya del silencio, y su hálito parece haber venido del Polo Norte, porque en la inmediatez del momento mis pies se empiezan a congelar y ya no tengo otro remedio que correr. Sí, correr porque Josefa me respondió, porque fue lo primero que se me ocurrió hacer pero… ¿Correr para qué? ¡Si ella siempre acostumbra a hablarme! No sé, pero corrí lo más rápido que pude, con más miedo que ansias, sin mirar atrás ni un solo segundo y sin pestañear, como quien se ha puesto unas jáquimas de burro. Corrí hasta llegar a la calle para darme cuenta de que el olor de mi casa no es otra cosa que un río de aguas fétidas que ahora bañan mis pies como si fueran el nardo puro.

2 comentarios:

  1. Excelente, el progreso se nota. Mis tiempos tenía sin leer algo parecido a lo que acostumbras a redactar. ¡Felicidades!

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